A veces, el ejercicio de planificación de una ruta puede comenzar con una idea sencilla. En este caso, nuestro punto de partida fue la voluntad de seguir el curso del río Francolí, remontando el curso del río, desde Tarragona hacia el interior. Pero si hiciéramos ese trazado la ruta carecería del alma de un verdadero circuito, es por ello que la replanteamos para establecer parámetros atractivos que incluyen transiciones. La magia de viajar sobre dos ruedas reside en la continuidad, en la sensación de avanzar hacia un punto determinado sin tener que deshacer la ruta en el regreso.
Primero hubo que analizar bien el mapa y entender la geografía del territorio para que la ruta inicial pudiera crecer. Finalmente, dejamos atrás la idea de una ruta en línea recta y convertimos el trazado en un circuito que abraza la diversidad paisajística del interior de Cataluña. Decidimos conectar la humedad del valle del Francolí con la aridez mineral de Les Garrigues para, finalmente, ascender hacia los bosques de las montañas de Prades. Es un viaje cuyo propósito es contemplar y conectar con los cambios de luz, las diferentes texturas del asfalto y los aromas del entorno.
Como es costumbre en otras rutas, como la ruta de Huesca o la de la Costa da Morte, hemos estructurado el recorrido en tramos de una hora de conducción, tiempo justo para ejercitar la concentración y mantener un ritmo que permita disfrutar la mecánica de las curvas y rectas. De vez en cuando, también, atendemos la necesidad genuina de estirar las piernas, tomar un café o simplemente conectar con el entorno antes de volver a darle a la ignición.
Preparación del viaje
Toda ruta es distinta. Inclusive la misma ruta, hecha en días distintos, puede vivirse de manera diferente. Este circuito no es una simple salida dominguera por carreteras conocidas, es un recorrido que atraviesa microclimas, tipos de asfalto y entornos geográficos distintos, que exigen una preparación adecuada, tanto del piloto como de la máquina.
A lo largo de la ruta, las condiciones climáticas cambian notablemente: del ambiente mediterráneo de Tarragona se pasa al clima más seco y continentalizado de Les Garrigues, antes de ascender hacia las montañas de Prades y La Mussara. Esto significa que saldrás de Tarragona con una temperatura que puede superar los treinta grados y una humedad notable, para encontrarte apenas dos horas después con un ambiente más seco y con mayor contraste térmico en Les Garrigues, y finalmente con un descenso térmico significativo al ascender hacia Prades y La Mussara. La diferencia entre la costa y la montaña puede alcanzar fácilmente los diez o doce grados. Es fundamental vestir por capas, utilizando una chaqueta técnica con ventilación que pueda adaptarse a estos cambios. Un forro interior desmontable o una camiseta técnica transpirable bajo la chaqueta marcará la diferencia entre un viaje cómodo y uno con la espalda empapada.
El equipamiento debe ser integral y pensado para la versatilidad. Casco homologado, preferiblemente integral o modular con pantalla antiempañante, ya que la humedad matinal en los valles puede condensarse rápidamente. Guantes con buena ventilación pero protecciones rígidas en los nudillos. Botas de caña alta que protejan el tobillo en las zonas de curvas técnicas. Pantalón con protecciones en rodillas y caderas. Y, algo que muchos olvidan, una riñonera o mochila pequeña con al menos un litro y medio de agua. En zonas de secano, donde las gasolineras escasean, conviene llevar agua siempre a mano.
Las revisiones previas a la motocicleta son imprescindibles. Comienza por los neumáticos: revisa la presión en frío y verifica el desgaste, especialmente en los flancos, ya que las curvas de Prades castigarán esa zona. Comprueba el estado de las pastillas de freno y el nivel del líquido, porque los descensos prolongados desde La Mussara exigirán un sistema de frenado en perfectas condiciones. Si la moto lleva cadena, revisa su tensión y lubricación; si lleva correa, comprueba su estado y tensión; y si utiliza cardán, sigue las comprobaciones de mantenimiento indicadas por el fabricante, incluido el aceite del grupo final cuando corresponda. Verifica también el funcionamiento de todas las luces, incluidos los intermitentes, ya que en las carreteras secundarias la visibilidad es clave. Y, por último, lleva siempre un kit básico de herramientas, un compresor portátil y, si es posible, un parche antipinchazos. La ruta no es especialmente compleja, pero es mejor salir preparado. Vamos pues, en marcha.
Del Francolí a La Mussara pasando por Les Garrigues
Tramo 1: Tarragona, Montblanc y les Borges Blanques (60 minutos)
Tarragona es una ciudad con una historia que probablemente se proyecta más allá de lo que los libros pueden recordar; ubicada a 93 km al sur de Barcelona, la antigua Tarraco, hoy es un núcleo portuario y petroquímico que posee monumentos que han sido declarados patrimonio de la humanidad. Sus playas, además, la convierten por sí sola en una atracción turística: la hermosa Costa Dorada. Merece la pena recorrerla antes o después de realizar el circuito. Pero nosotros no buscamos las multitudes, sino todo lo contrario. Al menos, no hoy.
Desde Tarragona centro, tomar la A-27 en dirección norte es el primer paso para dejar atrás el bullicio costero y adentrarse en la columna vertebral de la provincia. Esta autopista es moderna, de trazado fluido y firme impecable, lo que permite establecer un ritmo de crucero relajado mientras la mente se prepara para el viaje. Durante estos primeros minutos, el paisaje experimenta una transición sutil pero constante. La vegetación mediterránea del entorno de Tarragona va dando paso a los primeros cultivos de secano y a las tierras más abiertas de la Conca de Barberà.
Cuando hayáis pasado La Plana comenzarán a rodearte los relieves por ambos costados y al llegar a la altura de Montblanc, la silueta de las montañas empezará a perfilarse en el horizonte. La capital de la Conca de Barberà actúa como un portal temporal. Su recinto amurallado nos recuerda que estamos entrando en un territorio con una historia profunda. Sin embargo, no nos detenemos aún. Desde Montblanc, tomamos la AP-2 en dirección a Lleida. Aunque volver a una vía de alta capacidad pueda parecer un paso atrás en la esencia motera, este segmento es fundamental para conectar las cuencas fluviales y salvar la distancia hasta el corazón de Les Garrigues de forma segura y eficiente. El tráfico en este segmento suele ser ligero, lo que permite disfrutar de la capacidad de viaje de la motocicleta. En otras palabras, disfruta el tramo de velocidad.
El paisaje que acompaña esta segunda mitad de la hora es el de las grandes llanuras agrícolas catalanas. Los campos de viñedos dejan paso progresivamente al mar de olivos que caracteriza la entrada a Les Garrigues. La luz en esta zona es particular, muy limpia y directa, lo que hace que los contrastes entre el verde plateado de los olivos y el rojo de la tierra sean espectaculares. La salida de la AP-2 hacia Les Borges Blanques nos introduce en la capital de la comarca, famosa por su olivo arbequino y por su arquitectura de piedra seca. Este es el momento perfecto para la primera parada. El motor se enfría, el cuerpo se estira y el piloto se prepara para abandonar definitivamente las grandes vías y adentrarse en la red de carreteras secundarias, el verdadero terreno de juego de esta ruta.
Tramo 2: De Les Borges Blanques a El Villosell (60 minutos)
Al abandonar las vías de alta capacidad, el recorrido adquiere un carácter más rural. La C-233 mantiene características de carretera convencional y, más adelante, las vías locales se vuelven más estrechas, obligando a trabajar con el acelerador y los frenos. Pasamos por Castelldans, un pueblo que parece haberse construido directamente desde una veta de roca, y continuamos hacia nuestro primer gran objetivo geográfico: la presa de L’Albagés.
Los primeros veinte minutos de este bloque son un ejercicio de anticipación. Las curvas de radio amplio se encadenan con algunas lazadas más cerradas, todo ello rodeado de un paisaje austero, donde la piedra seca es la protagonista absoluta. La vegetación es baja, resistente a la sequía, y los almendros marcan el ritmo visual. El final de este subtramo es un premio para los sentidos. La presa de L’Albagés aparece de repente, encajonada entre los barrancos. El embalse del río Set ofrece un contraste brutal con la aridez del entorno. El agua quieta, reflejando el cielo, crea un remanso de paz absoluta, una pausa visual antes de continuar. Con la motocicleta aún en silencio, dan ganas de quedarse. Pero queda paisaje por ver aún. Recomendado volver de noche y ver el embalse con sus luces encendidas.
Superada la presa, comienza el tramo más exclusivo y menos conocido de toda la ruta. En lugar de buscar la carretera principal, nos adentramos en la carretera del Vall de Sisquella. Este es el tipo de vía que solo se descubre cuando se viaja sin prisas y se estudia el mapa con detalle. La carretera se estrecha, el tráfico es prácticamente nulo y el trazado serpentea siguiendo la topografía caprichosa del valle. Aquí no hay prisa; el límite de velocidad es una sugerencia para disfrutar de la fluidez. Los pinos carrascos empiezan a ganar terreno a los olivos, y el aroma a resina y tierra seca se mezcla en el aire.
Al salir del valle, enlazamos con la LP-7032 en Cervià de les Garrigues, una carretera local que actúa como hilo conductor hacia L’Albi y posteriormente hacia El Vilosell. L’Albi, dominado por el Castell de l’Albi, antiguo castillo medieval transformado posteriormente en palacio renacentista, domina el paisaje desde lo alto. A medida que avanzamos hacia El Vilosell, el paisaje empieza a cambiar de nuevo. Dejamos atrás la aridez absoluta de Les Garrigues y comenzamos a notar un aumento de la vegetación. El Vilosell marca el final de la etapa garriguense y el umbral de entrada en las estribaciones de las montañas de Prades. El aire se vuelve ligeramente más fresco, y la humedad del bosque comienza a insinuarse en el ambiente, marcando el momento ideal para una segunda parada, reponer líquidos y admirar la arquitectura rural de piedra antes del ascenso.
Tramo 3: Del Villosel a La Mussara (60 minutos)
El cambio de comarca y de paisaje se hace evidente, desde el Vilosell tomamos la carretera local hacia Vallclara y, allí, enlazamos con la TV-7004 en dirección a Vimbodí. La carretera desciende y asciende con suavidad, rodeada de bosques de pino y roble. La conducción en este tramo es un placer para la vista. Los tonos verdes dominan el espectro, un alivio visual después de los ocres y grises de Les Garrigues. La carretera es ancha, con buen firme y un trazado que combina rectas rápidas con curvas de radio variable. Es el tipo de tramo donde la moto se siente ligera y suave.
La llegada a Vimbodí y la entrada en el entorno del Real Monasterio Cistercense de Santa María de Poblet es uno de los momentos cumbre del viaje. La silueta del monasterio, con sus torres y sus murallas, impone un respeto silencioso. Poblet no es solo un destino turístico, es un punto de inflexión geográfico e histórico. El eco del motor entre sus muros milenarios crea una paradoja fascinante que enriquece la experiencia del viaje. Tómate unos minutos y recorre.
Dejamos atrás la historia y la contemplación para adentrarnos en el tramo más puramente motero de toda la ruta. La T-700 asciende desde Poblet hacia Prades, y es aquí donde las curvas empiezan a hablar el idioma favorito de los motociclistas. El asfalto es excelente, el trazado es fluido y el entorno es un túnel vegetal de pinos, castaños y avellanos. Estos minutos son un ejercicio de ritmo y fluidez. La T-700 exige concentración, no por peligro, sino por la belleza de sus curvas enlazadas. Cada salida de curva es una oportunidad para escuchar el motor y sentir la tracción, en un entorno que invita a llenar los pulmones.
Desde Prades continuamos hacia la T-704, que nos llevará por la Febró hasta el entorno de La Mussara. Este es el broche de oro de la conducción en montaña. A medida que ascendemos, el bosque da paso a los acantilados y a las formaciones rocosas características de las montañas de Prades. Las vistas se abren de forma dramática. Desde las alturas de La Mussara, se puede contemplar la inmensidad del Camp de Tarragona y, en días claros, la línea del mar Mediterráneo. La sensación de dominio sobre el territorio, de haber escalado desde el valle del río hasta las nubes, es la mayor recompensa que un motero puede obtener. Es el momento perfecto para la gran parada del viaje, la fotografía obligatoria y el disfrute del aire puro de la montaña antes de iniciar el descenso.
Tramo 4: De La Mussara a Tarragona (45 minutos)
El descenso desde La Mussara marca el inicio del regreso, pero no por ello pierde su encanto. La carretera baja hacia Vilaplana y L’Aleixar, enlazando finalmente con la T-11, que conecta el entorno de Reus con Tarragona. Esta vía es una de las mejores carreteras de la provincia en cuanto a infraestructura. Ancha, con arcenes amplios y un trazado rápido.
La llegada a Reus supone la transición final hacia el entorno urbano y costero. La arquitectura modernista de la ciudad se vislumbra de pasada mientras continuamos por la T-11 en dirección a Tarragona para completar los últimos kilómetros del recorrido. El tráfico puede ser más denso en este tramo final.
La entrada de nuevo en Tarragona, con el mar apareciendo en el horizonte y la brisa salada volviendo a golpear el visor del casco, cierra el círculo. El cuentakilómetros habrá registrado cerca de 200 kilómetros, pero la sensación será la de haber recorrido un mundo entero. Hemos pasado de la llanura costera a la aridez de Les Garrigues, hemos cruzado valles escondidos y hemos escalado hasta los acantilados de Prades, todo ello respetando el ritmo biológico y mecánico de paradas cada hora.
Consejos de seguridad
Recorrer esta ruta con seguridad exige comprender que no todas las carreteras por las que transitamos presentan los mismos riesgos.
- En los tramos rurales, especialmente entre Les Borges Blanques, la presa de L’Albagés y el Vall de Sisquella, la presencia de animales es una variable constante. Jabalíes, perros pastores, e incluso rebaños de ovejas pueden cruzar la calzada sin previo aviso, especialmente al amanecer y al atardecer. Mantén una velocidad que te permita reaccionar ante un imprevisto y presta especial atención a los márgenes de la carretera, donde la vegetación puede ocultar a los animales hasta el último segundo. Si ves señalización de paso de fauna, reduce la velocidad de forma preventiva.
- El estado del firme es otro factor que requiere atención continua. En las carreteras comarcales y locales, es frecuente encontrar gravilla suelta en las curvas, especialmente después de trabajos de mantenimiento o tras episodios de viento. En las zonas de montaña, como la T-700 y la T-704, las zonas sombreadas pueden conservar humedad matinal incluso en pleno verano, reduciendo drásticamente el agarre del neumático delantero en las primeras horas del día. Evita frenar o apoyar la moto en estas zonas húmedas, y si encuentras manchas de aceite o combustible, si no puedes esquivarlas con seguridad, atraviesa la zona con la moto lo más vertical posible, sin frenadas ni aceleraciones bruscas.
- La fatiga es un enemigo silencioso que se cuela en el cuerpo del motero sin que este lo perciba. Aunque hayamos estructurado la ruta en tramos de una hora, es importante escuchar al cuerpo. Si en algún momento sientes rigidez en el cuello, hormigueo en las manos o una leve somnolencia, detente en el siguiente lugar seguro. La hidratación es clave, especialmente en los tramos de Les Garrigues, donde el calor seco deshidrata sin que uno se dé cuenta. Bebe pequeños sorbos de agua en cada parada, aunque no tengas sensación de sed.
- La visibilidad y la comunicación con otros usuarios de la vía son fundamentales. En las carreteras estrechas del interior, los tractores y la maquinaria agrícola comparten el espacio con las motocicletas. Adelanta siempre con precaución, asegurándote de que el conductor del vehículo lento te ha visto. Utiliza las luces de cruce encendidas incluso de día, especialmente en los tramos de bosque, donde los contrastes de luz pueden deslumbrar. Y recuerda que en las rotondas y cruces de los pueblos pequeños, los conductores de vehículos particulares no siempre esperan encontrar una moto circulando a velocidad legal. Anticípate a sus maniobras.
- Finalmente, planifica el regreso con cabeza. El tramo final por la AP-7 puede tener un tráfico denso, especialmente en horas punta de verano. Si notas que la concentración empieza a flaquear o que el calor acumulado en el equipamiento te está pasando factura, no dudes en hacer una parada adicional en cualquier área de servicio de la autopista. Llegar a casa sano es la única forma de dar por completada una ruta como esta.
Recapitulación del viaje y la experiencia
Cuando apagas el motor al regresar a Tarragona, lo primero que percibes no es el cansancio, sino una especie de plenitud silenciosa y simple. Este circuito no ha sido solo un desplazamiento de un punto a otro. Ha sido un recorrido por la diversidad geológica, climática y humana del interior de Cataluña, atravesando territorios de Tarragona y Lleida, que muchos creen conocer, pero que esconden rincones de una belleza sobrecogedora. Has pasado del salitre del Mediterráneo al silencio mineral de Les Garrigues, has cruzado valles que parecen olvidados por el tiempo y has ascendido hasta los acantilados desde los que se domina toda la costa.
La experiencia de una ruta como esta se mide en sensaciones más que en kilómetros. Está en el contraste térmico que sientes al quitarte el casco en La Mussara, en el olor a resina de los pinares de Prades, en la luz plana y dorada de los olivares de Les Borges, en el eco de tu propio motor rebotando en los muros de Poblet. Está en la satisfacción de haber planificado un itinerario inteligente, sin retrocesos, que respeta la lógica del territorio y la biomecánica del piloto.
Este tipo de viajes enseñan algo esencial sobre el mototurismo: no se trata de huir hacia destinos lejanos, sino de saber mirar con atención lo que tenemos cerca. Doscientos kilómetros bien elegidos pueden ofrecer más que dos mil recorridos sin criterio. La próxima vez que subas a la moto, recuerda que el verdadero viaje empieza mucho antes de arrancar el motor, en el momento en que decides trazar una ruta con sentido.
Y cuando hayas completado este circuito, no olvides que tu motocicleta también ha trabajado duro. Una ruta con tramos de montaña y firmes variados, es un buen momento para comprobar el estado general de la moto.”. Antes de planificar tu próxima aventura, pasa por el taller Rodi Motor Services de Tarragona. Nuestros profesionales revisarán el estado general de tu moto, comprobarán la presión y el desgaste de los neumáticos, ajustarán la tensión de la cadena y verificarán que todo está en perfectas condiciones para que tu próximo circuito sea tan seguro y gratificante como este. Porque una buena ruta empieza con una buena preparación y termina con un buen mantenimiento.
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